Mi primera publicación

Introduce un poco el tema que me ha llevado a entrar aquí.

Qué bien sienta escribir

¿Cómo no? El amor será el tema… Bueno, “el amor”

Un día como otros en la ciudad donde, como cada año desde que alcanza mi memoria, paso los veranos. Para muchos, un pueblo, para otros la ciudad en la que siempre llueve, para mi todo eso y el lugar donde fui libre alguna vez.

Como muchos, he recibido una educación conservadora, y creo, aunque me lo cuestiono a menudo, que es probablemente la forma más acertada de ayudar a crecer a los más pequeños. El ser humano es un animal al que se le ponen “frenos”. No creo que estemos controlados por la sociedad; la sociedad la formamos nosotros, somos nosotros quienes creamos leyes para no sucumbir en cada instante a nuestros anhelos más internos. Acabaríamos comiéndonos los unos a los otros.

Una larga agonía tras salir, aunque sea de un modo muy lento, de la burbuja de mi infancia y adolescencia. ¿Cuál es el bien ahora? ¿Qué puedo hacer ahora que no me dicen qué es lo correcto?

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“Nunca hemos sido los guapos del barrio”… Qué acertados están los Hombre G; nunca he sido una belleza, más bien una niña común, de colores morenos y pelo enmarañado. Que, ciertamente ha sido original a la hora de actuar desde que empecé a socializar con mi entorno. De un modo u otro, siempre he sido “la loca”, “la pollo”, “la original”…

Y llega un día en el que sientes que no estás tan mal, no eres tan fea, ni tan normal, ostras, ¡Qué buena estás!

Y no es solo porque estás veraneando en la tierra donde viven tus familiares, aquellos que te dicen cada día lo preciosa que eres, para luego volver a la realidad de tu ciudad natal. Cada vez más personas se giran al verte pasar. Quizás sea sólo la edad, quizás todas las mujeres, e incluso todos los hombres, son “bonitos” a cierta altura. Apresuraos antes de que vuestros cabellos se tiñan de blanco, TEMPUS FUGIT!

Y de repente conoces a hombres, esos que siempre fueron ajenos, y ahora se tornan en lo más interesante del momento.

Ya han pasado 5 años desde que te conocí. En persona quiero decir, porque ya te había visto por Internet… No somos familia aunque estemos muy conectados, y en persona aún estás mejor. No sé qué podría hacer contigo. He tenido amigos, y amigos que me han llamado mucho la atención, pero nunca se ha dado la ocasión de que pase de ahí la relación.

El primer encuentro fue bien, algo de beber con amigos y a casa. Te despediste con un “adiós guapa”. Desde entonces no te has ido de mi cabeza… No son poco años.

Termina el último curso de bachillerato y finalizada la selectividad, comienza un periodo turbio de cuestiones existenciales y morales.

Otro verano más y aquí estoy de nuevo; una ciudad que ha pasado de ser el lugar de vacaciones con la familia lejana, a un lugar de muchas oportunidades y experiencias nuevas. 18 años: para muchos ya voy tarde, pero yo aún me siento una niña inexperta, que es lo que soy.

Vamos a un baile y ahí estás, estoy nerviosa… ¿por qué? Esa noche fue el comienzo de mi revolución hormonal más propiamente dicha.. 18 años, cuánto tardé.

Mi experiencia siempre había sido ver a mis amigas intercambiando sonrisas y más cosas en las discotecas… siempre pensé que yo no caería nunca. Qué idiotez, ¿por qué apagar de tal modo nuestros instintos? ¿por qué siempre lo vi como algo malo?

Aquella noche me llevaste a dar paseos por el recinto, rodeados de parejas haciendo sus quehaceres… bailamos y aún querías más.

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